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turistasAsí rezaba la pancarta, una que se mostraba en las calles de Barcelona, una ciudad cuyo 14% de PIB proviene de esta actividad. ¿Pasará lo mismo en Londres o en París? Si bien no lo decía, se refería al turismo masivo, el de borrachera. ¿Es realmente un problema que se incremente la cantidad anual de visitantes? ¿No es una oportunidad más que un agravio?

Hay un problema real. Las zonas escaparate, o aquellas que todo el que visita Barcelona quiere conocer, como Sagrada Familia, Barceloneta o La Rambla, son un caos. En el caso de las últimas dos, apestan a orine y cerveza. El ruido puede ser ensordecedor. En la primera, circular es una tarea cada vez más complicada. ¿Por qué el estado no ha desarrollado una vialidad acorde a las necesidades de los vecinos? ¿Por qué los cuerpos de seguridad son mucho más estrictos con los residentes que con los visitantes?

Un ejemplo: Hace algunos meses ocurrió frente a casa de un amigo una ruidosa trifulca entre un turista finlandés en estado de ebriedad y un taxista pakistaní, siendo el primero el obvio causante del escandaloso incidente debido a que no quería pagar. Por si fuera poco, en medio de la discusión destrozó la puerta de un edificio. Aseguraba que adentro tenía conocidos que le darían el dinero. La policía llega. Si no fuese por la intervención de los vecinos hubiesen detenido al trabajador nocturno, a quien los hombres de la ley revisaron hasta la saciedad. ¿Qué ocurrió al finlandés? Tomaron sus datos sin siquiera ponerle una multa. Luego apareció una amiga (una de las que estaba dentro del edificio cuya puerta pulverizó) que gritó a todo pulmón, en perfecto español: “Estamos en Barcelona y aquí puedes hacer lo quieras”.

Sería extraordinario para nosotros, los habitantes de la ciudad, que la policía también pusiese en su sitio a los turistas que vienen a Barcelona a hacer lo que les da la gana. A orinar la calle y no dejarnos dormir. Buscar la manera de que la sanción sea lo suficientemente fuerte para que haya un aprendizaje. ¿Acaso si se les dan multas no las pagan? ¿No hay consecuencias frente al acto punitivo? Honor al que se porta bien, penas y castigos al que no respete. En algunos países se corre la voz: “In Barcelona the beer is cheap and there’s no law”.

De resto, el turismo es una bendición. Una oportunidad. Un canal para emprender en un país en crisis. Restaurantes, tours, hoteles, hostales, bares, suvenires, etc. Si al estado le da la gana, puede hacer lo necesario para que los residentes lo vean así antes de ir a la calle mostrando una pancarta funesta que reza: “No al turismo”.

Diego Penzo Vivas

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