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Tal y como lo anunció, Omar Rodríguez-López mostró recientemente el primero de una docena de discos que dará a conocer en lo que resta de 2016. Después de tres años sin editar nuevo material, el músico de origen puertorriqueño presentó Sworn Virgins (Ipecac Recordings, 2016). De nuevo irrumpen el rock experimental, voces espectrales y saturadas, distorsiones, arritmias y el sonido lisérgico que lo caracterizan. Además de funk y hip hop, presentes en esta placa. Como ya se sabe, ese cúmulo de elementos sonoros hace de la propuesta de ORL algo bizarra, no comprensible para cualquier oído. La verdad es que si hay dos cosas fascinantes en este músico es la variedad de sensaciones que despierta y, por ende, de opiniones y críticas.

Distintas visiones se han suscitado sobre su nuevo material, que sigue el camino ya trazado en producciones anteriores, aunque con guiños ochentosos.

La participación del baterista Deantoni Parks es vital. Aunque este músico ya viene colaborando con ORL en The Mars Volta (último disco) y en la banda Bosnian Rainbows. Se nota el trabajo más en equipo que individual, junto a este músico y la cantante Teri Gender-Bender.

Humberto Jiménez, locutor y productor de radio puertorriqueño, estudioso de la cultura popular latinoamericana, melómano y seguidor de la música de Rodríguez, lo dice en estas palabras: “ORL es un artista que, por medio de su obra, hace evidente qué es lo que está pasando a su alrededor. Es alguien que se influye no sólo por lo que escucha, sino por las películas que ve y, particularmente, por la gente que le rodea. Esto le da una cualidad ‘periodística’ (en el sentido de ‘períodos’, no en relación con la función de comunicación) a su música. Hay álbumes que se puede apreciar su influencia afrolatina (los primeros cuatro discos de The Mars Volta, otros proyectos de solista como Calibration, A Manual Dexterity, Se Dice Bisonte No Bufalo), como hay proyectos donde explora un lado más latin-pop (Xenophanes, Sueños de un hígado y La cizaña de los amores, los que produjera mientras sostuvo una relación sentimental con la cantante Ximena Sariñana), hasta lo que está haciendo desde 2013 hacia acá (desde el último álbum de The Mars Volta, su aporte a la banda Bosnian Rainbows y el proyecto Antemasque), que se podría decir que es más orientado al ‘pop’ de canciones cortas”.

Es la apreciación de Jiménez respecto al trabajo general de ORL. En Sworn Virgins no está tanto la búsqueda latina. Más electrónica y postrock.

Omar Rodríguez-López, Sworn Virgins

En cuanto a las críticas contrarias que ha tenido el disco, algunas dicen que no hay nada nuevo, sorprendente. Lo cierto es que un artista tan prolífico y creativamente inquieto como Omar Rodríguez-López levanta polvo con su propuesta de sonidos enmarañados y entramados atmosféricos. Destellos de guitarras en la penumbra. Ráfagas de batería disparando entrecortadamente y a todas direcciones. La oscuridad en las letras y en el ambiente.

Un creativo así no puede tener una sola lectura, pues no estamos hablando de un músico que se refugia en zonas de confort o en repeticiones de lugares comunes, todo lo contrario, su mundo es la experimentación. El disco número veintisiete de ORL no decepciona. Eso sí, invita a escucharlo con detenimiento y por parte. No es fácil sumergirse en un mar bravío de sonoridades inesperadas que golpean desde el primer instante.

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