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Un artículo en El Español afirma que un inversor venezolano ha inyectado, junto a otros accionistas menores, 50 millones de euros en Hawkers, el gigante de las gafas de sol. El personaje en cuestión se llama Alejandro Betancourt.

Betancourt, para quien no lo sepa, es uno de esos personajes de cuello blanco del chavismo venezolano, conocidos como “bolichicos”, que han llegado a España a lavar su nombre presentándose como respetables empresarios y emprendedores, tras haber sido acusados de estar involucrados en casos de corrupción en Venezuela que destruyeron buena parte de la infraestructura eléctrica del país.

En su currículum Alejandro Betancourt aparece como el líder del grupo de inversión O’Hara Administration y presidente de Derwick Associates, empresa creada en 2009, que obtuvo, a pocos meses de su fundación y con casi nula experiencia en el sector, cientos de millones de dólares en contratos para construir plantas eléctricas, aprovechando las fallas estructurales del servicio de electricidad de Venezuela. De más está decir que lejos de resolver el problema, actualmente el país vive la peor crisis energética de su historia reciente.

Otto Reich, quien fue subsecretario de estado de EEUU para América Latina e introdujo una demanda civil contra Betancourt, ha dicho sobre Derwick: “Desde Estados Unidos Derwick ofrece sobornos multimillonarios a funcionarios públicos venezolanos a cambio de obtener contractos en el sector eléctrico. Una vez que los aseguran (y el dinero es transferido a cuentas en Nueva York) los acusados subcontratan a terceras empresas, una de ellas basada en Missouri, para cumplir con el contrato que ganaron”.

Venezuela, un país donde en el pasado los apagones sucedían muy esporádicamente, actualmente sufre una crisis energética absoluta. Hay quienes señalan como responsables a Betancourt y sus secuaces afirmando que estafaron al país y sus contribuyentes, junto a elementos dentro del gobierno venezolano, comprometiéndose a construir una serie de plantas eléctricas que fueron realizadas con piezas y materiales de pésima calidad que, como era de esperarse, al poco tiempo comenzaron a fallar dejando sin energía a buena parte de la nación. Algunas de las acusaciones presentadas afirman que compraron viejas plantas eléctricas de segunda y tercera mano en Estados Unidos, Rusia, Francia, China y hasta Tanzania y las vendieron al Estado venezolano con sobreprecio. En fin, una pintoresca historia de sobornos y corrupción que se traduce, literalmente, en muertes, sufrimiento y destrucción.

Esas son las historias que rodean al “inversor venezolano que ha inyectado 50 millones de euros en Hawkers”, el respetable empresario que hoy vive un retiro dorado en el extranjero, lejos de aquellos que sufren diariamente por culpa de los cortes eléctricos en Venezuela.

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