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Sin duda que el otro yo de Esperanza reluce en su quinto disco Emily’s D+Evolution. Desde el primer tema hasta el número doce se escuchan rock, funk, R&B, pop y, por supuesto, giros experimentales jazzísticos que alejan el álbum de la categoría de jazz. La cantautora y bajista decidió darle otro enfoque a esta entrega, sorprendiendo a quienes ya estaban acostumbrados a sus estándares.

Producido nada más que por Tony Visconti -reconocido por su labor con David Bowie- y la misma Spalding, Emily’s D+Evolution es la cara agresiva y libre de la jazzista, donde la guitarra eléctrica toma protagonismo en medio de las lúdicas sesiones rítmicas y las fusiones. De igual forma, se evidencia el gusto de Spalding por los formatos pequeños: bajo, guitarra, percusión y teclados es la línea que resalta en esta producción, con músicos como el guitarrista Matthew Stevens, el baterista Karriem Riggins, el tecladista Corey Rey, entre otros que hacen su aporte.

Spalding se aparta de cualquier convencionalismo y nos dice que el jazz es ese lenguaje en el que se improvisa incansablemente. No en vano, la artista ha dicho, a propósito de esta placa, que Wayne Shorter define el jazz como el camino a lo inesperado. Y sí, es cierto, quién mejor que este maestro para hablar sobre lo que ha sido su actividad durante años. En todo caso, Spalding refuerza esa visión, la recuerda a estas nuevas generaciones a través del disco donde Emily -su segundo nombre- es el hilo conductor de las historias que nos narra una niña que explora varios temas de la vida (amor, sexo, educación, creencias y más).

Quienes desaprueban el álbum dicen que no es de jazz, y tienen razón, pero esa sería, más bien, una observación favorable para la bajista, quien, definitivamente, se propuso hacer otra cosa. Si hay algo que criticar es la portada antinatural y forzada que no expresa el concepto del disco.

Y quienes lo elogian, señalan que hay todo tipo de influencias, como Miles Davis, Jaco Pastorius, Prince y un largo etcétera. Quizás todo esto esté presente, a lo que se suma el sello de Spalding que es su propia búsqueda, desde sus raíces hasta los imprevistos senderos de la música contemporánea.

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