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bayaye

Llenan las ciudades, ya monstruosamente hinchadas, sin encontrar en ellas ninguna ocupación ni lugar propio. En Uganda los llaman bayaye. Los veréis enseguida, pues son los que forman esas muchedumbres en las calles, tan diferentes de las europeas. En Europa, la gente que se ve en la calle, por lo general, camina hacia un destino determinado. La aglomeración tiene una dirección y un ritmo, ritmo a menudo caracterizado por la prisa. En una ciudad africana, sólo parte de la gente se comporta de manera similar. El resto no va a ningún lado: no tiene adónde ni para qué. Deambula, permanece sentada a la sombra, mira a su alrededor, dormita… No tiene nada que hacer. Nadie la espera.

Ryszard Kapuściński, Ébano.

En España hay casi 6 millones de desempleados. Hasta hace poco más del 24% de los jóvenes de 15 a 29 años, es decir, cerca de 2 millones, ni estudiaban ni trabajaban. Sin embargo, los bares están llenos, las fiestas de barrio siguen vibrando y las ayudas son cobradas a mansalva.

La figura del bayaye africano es desconcertante. Un ser que deambula errante por las calles de Kampala, Lagos, Freetown o Dakar, que llegó a la gran ciudad huyendo de las miserias del campo para encontrarse en hediondas metrópolis superpobladas donde el trabajo es inexistente. Un ser que usualmente arriba solo, sin un lugar donde llegar ni un techo donde refugiarse. Su mera existencia es un misterio: ¿Cómo sobrevive un bayaye?

Creo firmemente que en años recientes ha surgido una suerte de bayaye español. Ambos parten de una premisa común: la desocupación, pero sus características difieren bastante. El bayaye español no llegó del campo, tiene varias generaciones en la ciudad. Ha sido educado en las instituciones públicas, no como el africano que no sabe leer ni escribir. Muchos tienen grados universitarios e incluso postgrados. A diferencia de su camarada del sur, tiene un estado de bienestar que vela por él. El bayaye español, al menos aquel que se ha instruido en las artes de la desocupación, sabe muy bien cómo exprimir al estado para que lo mantenga como un parásito. Porque no hay que caer en el error: No todo desempleado es un bayaye.

Al bayaye ibérico no le es ajeno el licor. No en vano gran parte de los bares, sobretodos los de chinos, están repletos de ellos. Así como las fiestas de barrio. Puede que los lujos no estén a la orden del día pero tampoco la está pasando tan mal. Al final el estado está allí para él, para financiarle sus gustillos simples. Hace años que al bayaye español le dejó de interesar conseguir un trabajo, después de 3 años desocupado, algunos sin haber siquiera trabajado alguna vez, se acostumbraron a un tren de vida que no incluye esta actividad.

Pero no es éste el único tipo de bayaye de la península. Existe otro mucho peor que no puede verse trabajando en algo que “no sea lo suyo”, las actividades que nada tienen que ver con lo que estudió le asquean o las considera inferiores. Este se lamenta de su mala suerte mientras deja pasar oportunidades que no le llaman la atención y así pasan los años, los lustros, las décadas.

Es interesante ver cómo algunos bayayes españoles hacen de parásito al estado mientras aquellos mayores de 60, que trabajaron toda su vida, luchan por una jubilación digna, aunque lamentablemente a algunos se les irá en cuidar a sus bayayes familiares.

¿Tienes idea de dónde sale ese dinero para mantenerte bayaye? ¿Crees que el estado simplemente lo imprime? Alguien está pagando por ti bayaye español. Aquel, que a diferencia de tu persona, está trabajando, pagando impuestos. Sale del asalariado, del autónomo, del empresario. De aquellos al que el estado cada día les quita más dinero para mantener a inservibles como tú que se dieron por vencidos hace años. Todo para que puedas ver televisión en paz, tomarte unas cañas en la noche con los amigos por los siglos de los siglos.

El bayaye africano tiene más moral que su sucursal europea. La infraestructura de su estado es inexistente. No tuvo acceso a educación, es probable que ni siquiera a agua potable. Nunca contó con un estado de bienestar. Nada habrá a su favor en el contexto que le tocó vivir, sólo atraso, miseria y hambre. ¿Y tú? ¿Conoces a algún bayaye español?

Diego Penzo

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Una Respuesta

  1. Alberto

    La gran mayoría de los “ninis” no cobran ayudas sociales, a no ser que hayan tenido hijos o sufran algún trastorno mental serio.

    Si tienen un tren de vida relativamente bueno es gracias a sus familias, a sus padres que les regalan Iphones o ropa de marca por su cumpleaños o les sueltan dinero todas las semanas para que se vayan de copas.

    Uno de los motores de la sociedad española (y, en general, del sur de Europa) es la protección familiar, que es muy fuerte. Así se explica que, a pesar del astronómico paro juvenil, se sigan llenando los bares o prácticamente no haya conflictividad social.

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