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La izquierda se rasga las vestiduras. ¡Vergüenza! grita a los cuatro vientos, mientras señala a los líderes de la Unión Europea y a todos aquellos que miran con renuencia la política de puertas abiertas, implementada desde Alemania por Angela Merkel.

Por otro lado, la derecha celebra esta oportunidad para volver a la palestra pública, incluso en países como Alemania, donde se encontraba marginada desde hacía años. ¿Acaso alguien pensó que se podía dar una migración masiva tan desquiciada sin que ocurriesen hechos que la pusieran en tela de juicio? Sobre todo tomando en cuenta que no hubo ningún tipo de control en cuanto a quién entró, especialmente durante los primeros meses de la crisis, en verano de 2015. Porque vaya si está bien ayudar al prójimo y a aquellos que lo han perdido todo pero: ¿Quién entró y entra realmente a Europa? Nadie lo sabe. Si algo ha caracterizado a esta crisis de refugiados ha sido la improvisación y el desorden.

La realidad es la siguiente: Europa no puede recibir a todos los refugiados del tercer mundo. Los estados de bienestar europeos, aquellos de salud y educación gratis, donde abundan además las ayudas gubernamentales, no son sostenibles cambiando su estructura social de manera tan radical. Es fácil de ver: ¿Por qué la gran mayoría de los refugiados quieren ir a Alemania? La respuesta es porque Merkel, con su efecto llamada, ha creado la idea de un paraíso donde se les darán todos los beneficios de estos estados de bienestar al llegar. Lamentablemente no funciona así.

Syrian refugees strike in front of Budapest Keleti railway station. Refugee crisis. Budapest, Hungary, Central Europe, 3 September 2015.

Se habla de un sistema de cuotas. Allí hay una luz, pero sólo en parte. Por un lado, un país como Alemania no puede imponer al resto de Europa cuotas por un problema causado por la política migratoria de su canciller. Sin embargo, cada país tiene derecho de decidir si acepta refugiados, así como la cantidad, e incluso someterlo a votación ante sus ciudadanos. Es allí donde entra en juego la capacidad de cada estado. Los refugiados, si bien de múltiples nacionalidades, vienen de Turquía, un país seguro donde no corren los peligros de Siria, Iraq o Afganistán, por lo que antes de su llegada a Grecia, principal punto de desembarco en Europa, no corren peligro directo.

El caso de Canadá es un ejemplo a seguir. Ofrecieron asilar 25 mil refugiados. Enviaron personal del gobierno a Jordania y Líbano, llevaron a cabo un proceso de selección e hicieron un puente aéreo que, en apenas tres meses, cumplió la cuota planteada. Ni mafias de traficantes humanos, ni fronteras bloqueadas, ni caminatas infernales de por medio.

Alemania pudo hacer eso, pero no. Simplemente ofreció que el que lograra llegar dentro de sus fronteras se llevaba el gran premio de la estadía. Antes tendrían que superar un viacrucis que empezaba en las playas turcas dominadas por las mafias. Alemania pudo hacer un puente aéreo o quizás terrestre desde Turquía, país que, dicho sea de nuevo, no está en guerra. Pero sólo hubo improvisación y desorden. El reprochable gobierno turco ahora presiona a Europa usando a los refugiados como moneda, como ha hecho por años Marruecos con España y solía hacer Gadafi con Italia.

Wien_-_Westbahnhof,_Migranten_am_5_Sep_2015

Por otro lado, las mafias de tráfico humano del mar Egeo pueden ser acabadas en pocos meses. Australia logró superar esa lacra años atrás, a través de una iniciativa que obligaba a cualquier embarcación ilegal que llegara a sus mares, e incuso a tierra, a ser devuelta instantáneamente. La única forma de entrada, comunicaron, era la legal. Además, el gobierno llevó a cabo una campaña mediática de difusión que llegó a los principales rincones donde operaban estos grupos criminales.

Como decíamos antes, Europa no puede recibir a todos los refugiados del tercer mundo, pero sí puede establecer cuotas de asilo, acabando antes que nada con las mafias de tráfico humano y creando una estrategia de selección, priorización y transporte coherente. Luego puede llevar a cabo iniciativas que dinamicen aquellos campos ubicados en las periferias de Siria, a la vez que busque facilitar a un acuerdo de paz que permita a buena parte de su población volver a su país.

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